sábado, 7 de marzo de 2009

Loreley


Loreley es quizá la más famosa de las sirenas europeas, aunque su hábitat era el río Rin.

Se la describe como una sirenita rubia de belleza indescriptible, que se sentaba en una angostura del río, sobre una roca elevada en medio de las más peligrosas corrientes y remolinos. Allí pasaba horas peinándose su cabellera y cantando tales canciones que los barqueros del río caían en el olvido de todo cuanto les rodeaba, dejándose arrastrar por la corriente hasta la roca a cuyo pie un fiero remolino los devoraba.

Sin embargo, cuenta la leyenda que una vez Loreley atrapó así a un muchacho que, antes de ser tragado por el remolino, alzó la vista hacia ella clavándole una mirada tan ardiente y profunda que tocó su frío corazón transmutándolo en un corazón sensible, de mujer humana.

Ya nunca más Loreley pudo cantar. Sólo lloraba de pena por el marinero muerto y de arrepentimiento por sus acciones.

Finalmente ella regresó a las honduras del río y nunca jamás nadie volvió a escuchar la dulzura de su voz ni la belleza de sus melodías misteriosas.

El misterio de los Viernes


Como siempre era el primer viernes del mes y ella surgía de la bruma como si viniera de la nada. La luna se encontraba siempre en lo alto del oscuro firmamento.

Vestía una túnica color blanca y una larga cabellera que brillaba como las estrellas; vagaba muy despacio arrastrando los pies entre las tumbas hasta llegar frente a esa, donde sólo había una vieja lápida que decía: “Yacen aquí los restos del capitán del barco: EL DRAGÓN ROJO, JOAN MILER, que murió de amor”.

Se arrodilló largo rato. Las lágrimas brillantes cayeron de sus ojos. Y al otro día, como todos los primeros sábados del mes, en ese lugar había rosas blancas pero de la misma forma en que aparecían se esfumaban en la bruma...

Las viejas chusmas del pueblo decían que el capitán Miler era un hombre muy apuesto, de contextura fuerte, cabellos negros como la noche, barba y bigotes espesos.
Los ojos de color miel tenían una mirada profunda y siempre estaba mirando el mar infinito, porque en él vivía el amor de sus sueños.

La había conocido en unos de sus tantos viajes, y quedó prendido de ella.

La bruja era una sirena, por eso las chusmas del pueblo creen que es ella la que surge de la bruma todos los primeros viernes de cada mes.