sábado, 7 de marzo de 2009

El misterio de los Viernes


Como siempre era el primer viernes del mes y ella surgía de la bruma como si viniera de la nada. La luna se encontraba siempre en lo alto del oscuro firmamento.

Vestía una túnica color blanca y una larga cabellera que brillaba como las estrellas; vagaba muy despacio arrastrando los pies entre las tumbas hasta llegar frente a esa, donde sólo había una vieja lápida que decía: “Yacen aquí los restos del capitán del barco: EL DRAGÓN ROJO, JOAN MILER, que murió de amor”.

Se arrodilló largo rato. Las lágrimas brillantes cayeron de sus ojos. Y al otro día, como todos los primeros sábados del mes, en ese lugar había rosas blancas pero de la misma forma en que aparecían se esfumaban en la bruma...

Las viejas chusmas del pueblo decían que el capitán Miler era un hombre muy apuesto, de contextura fuerte, cabellos negros como la noche, barba y bigotes espesos.
Los ojos de color miel tenían una mirada profunda y siempre estaba mirando el mar infinito, porque en él vivía el amor de sus sueños.

La había conocido en unos de sus tantos viajes, y quedó prendido de ella.

La bruja era una sirena, por eso las chusmas del pueblo creen que es ella la que surge de la bruma todos los primeros viernes de cada mes.

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